Rafa Jódar está hecho de otra pasta. Lo demostró en la tierra batida desde su estreno con título en el ATP 250 de Marrakech a la clausura con unos cuartos de final ante el luego campeón, el alemán Alexander Zverev. Dejó huella en la arcilla, también se ha dejado ver enseguida en la hierba de Wimbledon. Es especial desde su fiereza competitiva natural.
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