Es la mano de Diego desde el cielo. Ve que Argentina la pasa mal, que Suiza lo empata y que viene por más. Y entonces desde allá arriba inventa una decisión arbitral amparado en el VAR para aliviar la situación. Quiere que el Dios que quedó en la tierra disfrute su Argentina-Inglaterra en un Mundial. Y desde ahí, el campeón del mundo revierte todo con el poder de sus goleadores, de esos goleadores que hasta aquí no habían convertido. Y Lionel Messi sonríe. Tendrá el clásico que le faltaba. Imposible comprobar si esa ayuda celestial existió, pero no importa.
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