Hay jugadores que llegan avalados por las estadísticas. Karim Adeyemi lo hace con una carta de presentación mucho más llamativa: la velocidad. Es una de esas cualidades que no se entrenan, se tienen. Desde pequeño, en los campos del TSV Forstenried, el modesto club de su barrio homónimo en Múnich, siempre fue el niño al que nadie conseguía alcanzar. Su llegada deja entrever lo que Hansi Flick le pedirá desde el primer día: atacar rápidamente los espacios y presionar durante todo el partido.
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