Messi ha abierto otro Mundial. Hay que poner el despertador a la hora que juegue Leo. Da igual la que sea. Contra quien sea. Lo importante de esta Copa del Mundo lleva el diez a la espalda, es el mejor jugador del mundo y tiene ganas de dejarlo claro. Lo ha hecho a la primera, con tres golazos, dándole la vuelta al Mundial que hasta ahora era el de Infantino. Un acontecimiento marcado por la codicia, con los precios de las entradas por las nubes, con unas pausas de hidratación incomprensibles que detienen el juego a los 23 minutos y con el silencio indescriptible de FIFA con la durísima política de visados de EE.UU. para los aficionados de algunas selecciones. Pero en medio de eso apareció Messi y el Mundial volvió al césped, a los mitos, a la épica, a la excelencia.
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