Dicen que la visita al Coliseum de Getafe es como ir al dentista porque vas a pasar un mal rato seguro. La diferencia es que al dentista vas voluntariamente a que te solucionen un problema dental. En cambio, del Coliseum puedes salir sin algún diente sin quererlo. Y es que, de nuevo una visita al estadio del Getafe siguió un guion tan esperado como indeseado porque hubo golpes, patadas, empujones, agarrones y codazos para parar un tren por parte de los jugadores de Bordalás. Y la mayor parte de culpa no es del técnico azulón ni de sus futbolistas: el problema es que todo el mundo ha normalizado esa conducta, del colectivo arbitral a los comités. La lógica es de cajón: si te dejan, repartes; si no te castigan, repartes más y, por tanto, intimidas más.
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